Línea recta vs. otros métodos de depreciación: cuál te conviene y por qué

Compras una camioneta de reparto para tu changarro en $400,000 el 15 de enero de 2026. No la vas a usar un día y tirarla a la basura: la vas a exprimir durante varios años, y mientras tanto se desgasta. La contabilidad necesita una forma de repartir ese costo a lo largo del tiempo en que el activo te sirve, y ahí entran los métodos de depreciación. La pregunta no es si deprecias, sino cómo repartes ese gasto año con año.

Lo planteo así porque en mis primeros años dando clases, un alumno me preguntó por qué no podía simplemente “deducir todo de un jalón”. La respuesta corta: porque el activo te genera ingresos durante varios ejercicios, así que su costo debe acompañar a esos ingresos. La respuesta larga depende del método que elijas, y por eso vale la pena comparar.

Qué intenta resolver cada método

Todos los métodos de depreciación parten del mismo dato: el monto original de la inversión (lo que pagaste, más fletes, instalación, impuestos no acreditables, etc.) y una vida útil estimada. Lo que cambia es el ritmo con el que reconoces el gasto. Unos reparten parejo; otros cargan más al principio. Esa decisión mueve tu utilidad contable, tus impuestos del año y la cara que da tu balance.

Aquí conviene separar dos mundos que en México se confunden seguido. La depreciación contable sigue las Normas de Información Financiera (NIF C-6) y busca reflejar la realidad económica del desgaste. La depreciación fiscal sigue la Ley del ISR, que te dice los por cientos máximos que puedes deducir. No siempre coinciden, y esa diferencia es normal. Si quieres ver cómo encaja todo esto en la salud financiera de un negocio, lo conecto con el análisis financiero más adelante.

Línea recta: el método más usado (y el que pide el SAT)

La línea recta reparte el costo en partes iguales durante toda la vida útil. Es como pagar una tanda: la misma cuota cada quincena, sin sorpresas. Su fórmula es directa:

  • Depreciación anual = Monto original de la inversión × porcentaje anual
  • O bien: Monto original ÷ años de vida útil

En el terreno fiscal mexicano, este es prácticamente el método. El artículo 34 de la LISR aplica un por ciento máximo fijo sobre el monto original cada ejercicio, lo cual es línea recta pura. Estos son algunos por cientos máximos vigentes para 2026, verificados contra el texto de la ley:

Tipo de activo (Art. 34 LISR)Por ciento máximo anual
Mobiliario y equipo de oficina10%
Equipo de cómputo (computadoras, servidores, impresoras)30%
Automóviles, camiones de carga, montacargas, remolques25%
Construcciones (caso general)5%
Maquinaria y equipo para generar energía de fuentes renovables (con requisitos)100%

Ojo: son máximos, no obligatorios. Puedes deducir menos si te conviene, pero no más. El 100% de energía renovable, por ejemplo, exige que la maquinaria siga en operación al menos cinco años después del ejercicio en que la deduces. Y para los autos hay un tope adicional: el artículo 36 limita el monto deducible a $175,000 (o $250,000 si son eléctricos o híbridos), así que un coche carísimo no se deduce completo.

Los métodos acelerados: cargar el gasto al inicio

Los métodos acelerados reconocen más gasto en los primeros años y menos al final. La lógica es que muchos activos pierden valor rápido al principio (un coche nuevo se “castiga” apenas sale de la agencia) y, además, suelen rendir más cuando están nuevos. Los dos más conocidos en los libros de texto:

Saldos decrecientes (doble saldo decreciente)

Aplicas un porcentaje fijo, pero no sobre el costo original, sino sobre el valor en libros que va quedando. Como el saldo baja cada año, el gasto también baja. En la versión “doble”, usas el doble de la tasa de línea recta. Es agresivo al principio.

Suma de dígitos de los años

Sumas los años de vida útil (para 5 años: 5+4+3+2+1 = 15) y cada año aplicas una fracción decreciente. El primer año deprecias 5/15, el segundo 4/15, y así. Reparte fuerte al inicio, pero de forma más suave que el doble saldo decreciente.

Aquí va la aclaración importante para México: para fines fiscales, la LISR no te deja inventar métodos acelerados a tu antojo. El esquema general es de por cientos máximos en línea recta. Existen estímulos de deducción inmediata o acelerada en momentos específicos (por decreto, para ciertas zonas, sectores o tamaños de empresa), pero son la excepción y cambian con la política fiscal del año. Los métodos acelerados que ves en los libros son sobre todo herramienta contable y de análisis interno.

Un ejemplo resuelto con la misma máquina

Pongamos una máquina empacadora comprada el 1 de febrero de 2026 en $100,000, con vida útil de 5 años y valor de rescate de $0 para simplificar. La tasa de línea recta sería 20% anual ($100,000 ÷ 5). Para el doble saldo decreciente uso 40% sobre el valor en libros. Mira cómo cambia el gasto del primer al último año:

AñoLínea rectaDoble saldo decreciente (40%)Suma de dígitos (15)
1$20,000$40,000$33,333 (5/15)
2$20,000$24,000$26,667 (4/15)
3$20,000$14,400$20,000 (3/15)
4$20,000$8,640$13,333 (2/15)
5$20,000$12,960*$6,667 (1/15)
Total$100,000$100,000$100,000

*En el último año del doble saldo decreciente se suele ajustar el cálculo para que el activo quede en su valor de rescate y no se “pase”. Fíjate que los tres métodos suman exactamente $100,000: depreciar nunca cambia cuánto gastas en total, solo cuándo lo reconoces. El doble saldo decreciente te da $40,000 de gasto el primer año contra los $20,000 de línea recta. Si tu negocio tuvo un año bueno y quieres reflejar más gasto, eso pesa.

Entonces, ¿cuál eliges?

Para el SAT, en la mayoría de los casos vas con los por cientos del artículo 34, que son línea recta. Punto. Para tus estados financieros bajo NIF, eliges el método que mejor refleje cómo se consume el activo: si una máquina rinde más cuando está nueva, un método acelerado pinta mejor la realidad. Y para análisis interno, comparar métodos te ayuda a entender el impacto en utilidades. Muchas empresas terminan llevando dos registros, el contable y el fiscal, con sus diferencias documentadas.

Preguntas frecuentes

¿Puedo usar depreciación acelerada para pagar menos ISR en México?

No de forma libre. La regla general de la LISR son los por cientos máximos del artículo 34, que funcionan como línea recta. La deducción inmediata o acelerada existe solo cuando un decreto o estímulo específico la autoriza, con sus requisitos y vigencia. Antes de aplicarla, confirma en el SAT que el estímulo siga vivo en 2026, porque estos beneficios entran y salen.

¿La depreciación contable y la fiscal tienen que ser iguales?

No, y es normal que difieran. Tu contabilidad puede usar suma de dígitos mientras tu declaración usa el 10% de línea recta. Esas diferencias generan lo que se llama impuestos diferidos, y se registran aparte. Lo que sí debes hacer es llevar un control claro de ambos cálculos.

¿Desde cuándo empiezo a depreciar un activo?

Fiscalmente, a tu elección: desde el ejercicio en que empiezas a utilizar el bien o desde el siguiente. En ejercicios irregulares se calcula por los meses completos de uso respecto de doce. Si compraste la máquina en febrero de 2026 y la usaste ese mismo año, deduces la proporción de los meses que estuvo en operación, no el año entero.

Tu siguiente paso

Toma un activo real de tu negocio o de un ejercicio de clase, anota su monto original y su fecha de compra, y corre los tres métodos para el mismo bien. Ver los números lado a lado es lo que hace que el concepto deje de ser abstracto. Para no hacerlo a mano, prueba la calculadora de depreciación y compara línea recta contra acelerada en segundos.

Una última nota: este artículo es material educativo, no asesoría fiscal ni contable personalizada. Los por cientos del artículo 34 y cualquier estímulo de deducción acelerada pueden cambiar, así que antes de aplicar un cálculo a una declaración real, verifica el texto vigente en el SAT y, si tienes dudas sobre tus derechos como contribuyente, en la PRODECON o la CONDUSEF. Cuando hay dinero e impuestos de por medio, confirmar la fuente oficial nunca está de más.